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Introducción Las personas aumentan de peso cuando el cuerpo recibe más calorías de las que quema. Estas calorías adicionales se almacenan como tejido graso o adiposo. En este sentido, adelgazar supone perder contenido graso, para lo que es necesario que el balance entre la energía recibida y la consumida sea negativo. Pero para evitar problemas de salud, esta restricción calórica debe ser moderada. En general, se considera que un déficit de 500-1000 kcal diarias respecto a la cantidad consumida anteriormente, restringiendo principalmente las grasas, es el más adecuado.

La dieta seguida no debe favorecer la desnutrición, ni incitar a la recuperación del peso perdido y mucho menos inducir a trastornos de la conducta alimentaria. Por el contrario, debe conseguir una disminución paulatina del tejido graso, manteniendo la proporción de masa muscular, sin estimular los mecanismos adaptativos que se oponen a la pérdida de peso.
No Logro Bajar De Peso
Aunque los objetivos de la pérdida de peso se deban individualizar, por norma general se debe pretender una pérdida de peso inicial -primera fase- de aproximadamente el 10 % del peso corporal. El ritmo deseable de esa pérdida de peso se sitúa entre 0, 5-1 kg por semana, aunque durante el primer mes se pueda producir una pérdida superior, toda vez que parte del peso inicialmente perdido está constituido por glucógeno (hidrato de carbono complejo que almacena energía en el organismo) y agua. A partir de esta primera fase, una pérdida de peso superior a 1 kg a la semana, indicará que el régimen seguido es demasiado severo.
Con esta reducción en la ingestión calórica, se pretende que la energía suministrada a través de los alimentos, sea considerablemente menor que aquella que necesita nuestro organismo para mantener el cuerpo a una temperatura constante, realizar las funciones vitales y satisfacer la actividad física diaria. Dado que las dos primeras son bastante estables, la mejor manera de aumentar la diferencia entre las calorías gastadas y las ingeridas es incrementando la práctica de actividad física y deporte. Además, realizando más ejercicio físico se consigue una mejora de la función cardíaca y pulmonar, se reduce el riesgo de depresión, se evita el aburrimiento y el picoteo entre comidas.
La dieta es un instrumento terapéutico para combatir el sobrepeso y la obesidad y, como tal, su prescripción como tratamiento para un paciente concreto debe ser elaborada por personal sanitario cualificado para que indique si la pérdida de peso es recomendable o necesaria, y establezca las pautas y ritmos a seguir con la alimentación y el ejercicio físico. Pero no hay que obsesionarse con el peso corporal. No es recomendable exigirnos un cuerpo perfecto en base a supuestos cánones de belleza. Si esa obsesión se agudiza, puede llegar a producir problemas psicológicos, e incluso trastornos de la conducta alimentaria (anorexia y bulimia).
Dieta Basada En Plantas: ¿funciona Para Bajar De Peso?
A) Dietas hipocalóricas equilibradas: Este tipo de dietas son las más recomendadas por organismos y sociedades científicas, para el tratamiento de la obesidad. Generalmente, se entiende que estas dietas tienen un aporte calórico total superior a 800 kcal diarias y originan un déficit calórico de entre 500 y 1000 kcal/día. La distribución de macronutrientes es bastante similar a las recomendaciones de población general en lo que se refiere a una dieta equilibrada, aunque con algunas modificaciones respecto a las proteínas, donde el contenido calórico total de estas se incrementa (ver
En el diseño de la dieta, se deben tener en cuenta ciertas recomendaciones en lo que respecta a los diferentes grupos de alimentos:
30 kg/m2) y requieran una pérdida de peso rápida a causa de alguna patología asociada. El período de prescripción de la dieta no debe superar las 16 semanas de duración.
Qué Debo Hacer Para Bajar De Peso?
La EFSA ha publicado recientemente un informe en el que referencia la falta de evidencias para afirmar que las DMBC puedan estar asociadas a una menor o mayor pérdida de masa magra, en comparación con dietas hipocalóricas menos restrictivas.

Existen diversas dietas que promulgan la pérdida de peso sin reducir el aporte calórico (normocalórica), como son las dietas hiperprotéicas, las disociadas, las cetogénicas, etc. Pero la mayor parte de estas dietas no son equilibradas en nutrientes y por tanto pueden implicar que aparezcan efectos secundarios, por lo que no son deseables para la salud.
C) Dietas hipocalóricas desequilibradas. Este tipo de dietas se caracterizan por ser desequilibradas en macronutrientes y podemos encontrar distintos tipos en función del porcentaje de macronutriente que se modifique:
Cirugía De La Obesidad: Cómo Prepararse Para Perder Tanto Peso
Dieta Milagro para adelgazar Desde que la prevalencia de la obesidad está aumentando, vienen apareciendo dietas de adelgazamiento novedosas que se difunden a través de los medios de comunicación, libros, Internet, revistas no especializadas, videoconferencias, etc., que prometen una pérdida de peso de forma fácil. A este tipo de dieta se les denomina coloquialmente “dietas milagro”, en su mayoría están escritas por personas que carecen de formación adecuada y evidencias científicas, y que podrían estar más interesados en la autopromoción y beneficios económicos, que en la divulgación de una alimentación equilibrada y saludable.
La mayoría de estas dietas son muy restrictivas en calorías, por lo que pueden ocasionar un déficit en vitaminas y minerales, alterar el metabolismo y conducir a una dieta monótona, aburrida, que puede ser peligrosa para la salud física y mental. Al ser dietas tan hipocalóricas, el organismo obtiene energía a partir de las proteínas corporales, originándose sustancias peligrosas y una pérdida de masa muscular y agua. La masa muscular es muy rica en agua y por tanto, se elimina una gran cantidad de líquido en las primeras semanas. A veces, durante estas dietas se administran diuréticos que favorecen la eliminación de líquidos por la orina. La persona que está llevando a cabo este tipo de dietas percibe, de forma errónea, una reducción drástica de masa grasa.

Por otra parte, este tipo de dieta favorece el “efecto yo-yo” o rebote, recuperándose rápidamente el peso perdido, debido a que el ayuno activa mecanismos hormonales y nerviosos que crean resistencia a la perdida de peso. Estos mecanismos producen un aumento del apetito y un mayor ahorro metabólico, de forma que se produce una recuperación rápida del peso cuando el individuo empieza a alimentarse según sus hábitos. Pero esa recuperación de peso genera el desarrollo de tejido graso, ocasionando la co-morbilidad asociada al sobrepeso y obesidad. Además, el paciente al no aprender a llevar a cabo una dieta saludable y volver a sus costumbres, vuelve a engordar. Todo ello puede producir desorientación, trastornos psicológicos graves y trastornos de la conducta alimentarias (bulimia, anorexia, atracones).
Cirugía Bariátrica Frente A La Obesidad Mórbida
Según la Asociación Americana de Dietética y la Asociación Española de Dietistas- Nutricionistas, las características que “nos pueden hacer sospechar” que nos encontramos frente a una “dieta o producto milagro”, son entre otras, las siguientes:
Se han encontrado más de 60 dietas específicas distintas, además de todas aquellas combinaciones de alimentos o menús a los que se atribuye la cualidad de hacer adelgazar y que, prácticamente en cada revista y cada mes, se nos presentan.
Aunque la clasificación de las dietas encontradas puede hacerse desde diferentes puntos de vista (características de sus componentes, efecto conseguido, procedencia, composición, etc.), se ha elegido como criterio para su clasificación, el fundamento al que atribuyen su eficacia. Así, se podrían dividir en diversos subgrupos.

Obesidad Mórbida: ¿quiénes Pueden Operarse Y Que Técnicas Son Las Más Utilizadas?
La AESAN (http://www.aesan.msc.es/AESAN/web/destacados/dietas_milagro.shtml) ha elaborado un documento sobre las dietas milagro, describiendo sus características más importantes y los posibles riesgos sobre la salud:
Es la pionera y la precursora de todas ellas, pues apareció en 1920. Se basa en el concepto erróneo de que las proteínas y los hidratos de carbono no pueden ingerirse simultáneamente, ya que no pueden ser digeridos y asimilados juntos, pues las proteínas requieren para su digestión un medio ácido, y los hidratos de carbono un medio alcalino. En principio, este tipo de consumo es casi imposible porque no existen alimentos que solo contengan proteínas o hidratos de carbono. En esta dieta, se prohíbe el consumo de leche, frutas, casi todas las verduras, pan, pasta, cereales, arroz, féculas, legumbres, azúcar, dulces, etc. Sólo se pueden tomar carnes, pescados, huevos, embutidos, algunos quesos, café, e incluso se permite la ingesta de grasas, aceites, vísceras, mariscos y en algunas ocasiones alcohol. Por tanto, esta dieta carece de fundamento científico y los resultados obtenidos sólo obedecen a un menor consumo de energía. Además, lleva asociada una pérdida progresiva de la motivación para ingerir alimentos, ya que cada día al paciente sólo se le permite la ingesta de un solo alimento, aunque en cantidades elevadas.
Con estas dietas se puede comer casi todo lo que las demás prohíben y, por el contrario, se puede prescindir de todo aquello que hace a las dietas aburridas (verduras, ensaladas, etc.) y poco palatables, ya que la grasa es palatable por excelencia. El origen de la pérdida de peso corporal provocada por estas dietas se debe principalmente a una gran pérdida de agua y a una disminución de las reservas de glucógeno, que también se almacena hidratado. Es bien conocido que en el ayuno o cuando la energía de la